Inflación anualizada subió a 26,7% en agosto y se aleja de la meta oficial
El Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 2,2% el mes pasado, para un valor acumulado de 15,6% Según Cendas, el incumplimiento de las regulaciones en el valor de los alimentos fue de 45% en el octavo mes
Gerardo Prieto Gotera gprieto@cadena-capriles.com
La inflación sigue tomando cuerpo. En agosto fue de 2,2%, para un crecimiento anualizado de los precios de 26,7%, según el informe emitido por el Banco Central de Venezuela (BCV) y el Instituto Nacional de Estadística (INE). El ministro de Finanzas, Alí Rodríguez Araque, aclaró ayer que la expectativa oficial de cierre del Índice Nacional de Precios al Consumidor (Inpc) "es sólo una estimación, no una meta... esperamos que esté ligeramente por debajo de la inflación del año pasado", cuando marcó 30,9%. En el último cuatrimestre tendrán que congelarse los precios para que la expectativa del Ejecutivo se concrete. Rodríguez afirmó que es necesario enfrentar la inflación en alimentos, hoteles y transporte. La variación promedio de los precios durante el mes pasado (2,2%) fue superior a la del mismo mes de 2008 (1,8%) y a la de julio pasado (2,1%). La tasa anualizada de inflación, que en junio bajó hasta 26%, repuntó en julio a 26,2% y con el informe de agosto (26,7%) se observa una tendencia al alza, que la aleja de la "estimación" oficial. Acumulada más baja "Con este resultado la variación acumulada del Inpc en los primeros ocho meses del presente año se ubica en 15,6%, significativamente por debajo del 19,4% correspondiente al mismo lapso del año 2008", expresó el ente emisor a través de un comunicado. Las agrupaciones que mostraron menores variaciones de precios en agosto fueron servicios de la vivienda excepto teléfono (0,1%); comunicaciones (0,3%); servicios de educación (1,1%); vestido y calzado (1,4%); salud (1,6%); alquiler de viviendas (1,7%); transporte (1,8%); equipamiento del hogar (1,9%) y restaurantes-hoteles (2,2%). Los sectores que reflejaron mayores alzas de precios el mes pasado fueron alimentos y bebidas no alcohólicas (2,8%); bienes y servicios diversos (2,9%); esparcimiento y cultura (3,1%) y bebidas alcohólicas-tabaco (5,3%). Estos cuatro grupos también mostraron un incremento superior al promedio en julio. Específicamente lo que tiene que ver con alimentos reflejó un incremento de 3,1% en agosto, según las estimaciones independientes del Cendas-FVM, organismo independiente que paralelamente mide el costo de la canasta alimentaria y de la canasta básica, según lo afirmó su director,
Saturday, September 5, 2009
EL PAIS SIN BRUJULA
Algo sumamente serio debe estarle ocurriendo al gobierno que se ve errático, cometiendo errores uno más grave que el otro. Está perdiendo la brújula aunque aparenta estar en control de la situación y apurando el paso. Pero, ¿hacia dónde? Al vacío. Lo que sucede es que la evaluación positiva del gobierno por parte de los venezolanos se ha deteriorado de manera apreciable a lo largo de 2009, según reflejan los mejores estudios de opinión. Así, de un nivel de confianza en el presidente Chávez de 48% en diciembre de 2009, el mismo ha caído hasta 35% en junio de 2009. Esto significa una pérdida considerable. Similarmente, la autodefinición de la población como chavista que en diciembre de 2008 rondaba el 39%, al cerrar junio se ubica en 35%. En el mismo lapso la intención de voto a favor de Chávez bajó desde 54% hasta 43%, algo peligroso para su afán reeleccionista. Es probable que sabiendo de esa declinación del respaldo a Chávez, un líder con peso propio dentro de sus filas esté pensando en tomar el testigo. Y hay varios aspirando. Esto tiene que desesperar al Presidente. Adicionalmente, acerca de la valoración de la coyuntura nacional, quienes consideran que la situación está muy mala, mala o regular hacia mala, representan la mayoría del país con el 52%, respecto al 45% que estima que la situación es muy buena, buena o regular hacia buena.Pero tal vez lo más grave de todo es que la tesis política fundamental del gobierno, el socialismo del siglo XXI, no tiene acogida en Venezuela, no obstante el despliegue propagandístico y demagógico del gobierno, que asocia la entrega de una lata de leche o un concierto de Dudamel con el socialismo. En efecto, el apoyo al socialismo del siglo XXI se sitúa en un escuálido 30% en junio de 2009, un poco menos que hace un año. A Chávez también lo aturde el hecho de que más de la mitad de los encuestados le atribuya la culpa de la problemática nacional y en menor medida a los efectos de la crisis internacional. Para ser franco, esos números desesperan a cualquiera. Pero con la desesperación vienen más traspiés. De esta forma, en medio de la escasez de azúcar, café y leche en polvo, el gobierno ha optado por perseverar en el error estatizando más empresas privadas y con ello aumentando el peso y la carga sobre unas menguadas y endeudadas finanzas públicas. Con ello lo que hace Chávez sin saberlo, es reforzar la creencia de la población de que es enemigo de la propiedad privada, como en efecto lo es, la cual es percibida muy favorablemente por los venezolanos con más de 70% de aceptación.LA MANO QUE ARRUINAA la falta de café en los establecimientos comerciales, la respuesta es militarista: la ocupación de las empresas que procesan el aromático grano. Lo más grave de todo es que en el año 2005 el gobierno anunció la batalla del café con el famoso Plan Café, con una inversión millonaria. Cuatro años después, la producción del grano ha caído significativamente y Venezuela por primera vez en su historia va a importar ese producto. En cuanto al azúcar, la realidad es dramática: después de haber ocupado los sembradíos con la Fuerza Armada y siguiendo las instrucciones del ministro Jaua de sustituir las plantaciones de caña del centro del país para sembrar quinchoncho, durante la zafra de 2008-2009 se espera una producción de 7.400.000 toneladas, cifra inferior a las 9.200.000 toneladas cultivadas en la zafra correspondiente a 2005-2006. Se trata de un milagro agrícola al revés. En el campo manufacturero ha sucedido algo similar: todo lo que toca la mano del Estado con sus incompetentes burócratas lo arruina. La producción de acero de Sidor se contrajo 20% en un año en tanto que las empresas del aluminio están arruinadas y su producción en declive. De forma similar, la producción de cemento, ahora un monopolio del Estado, ha bajado sensiblemente. En lo relativo a la electricidad, es visible el deterioro expresado en apagones que ya forman parte de un modo de vida, el hecho de vivir sin energía eléctrica varias horas a la semana, en un país que tiene las fuentes naturales más poderosas de América Latina para su generación, tanto hidroeléctricas como mediante combustibles. Es esta la administración que quiere tomar en sus manos la elaboración del café.Es evidente que todo lo antes descrito ha causado malestar, lo que se refleja en protestas cotidianas que ya son características de un país que está perdiendo la gobernabilidad. Por ello es que el gobierno ha acentuado la represión, tanto la legal como la del garrote. Esta última la vivieron en carne propia los pobladores de Curiepe y El Clavo al exigir que les restauraran su derecho a la salud que provee la Gobernación del estado Miranda. La agresión con alevosía contra un pueblo inerme fue la respuesta de un grupo minoritario de la Guardia Nacional. A los trabajadores de Guayana el Presidente les prometió que él en persona iría a dirigir el despido si la clase obrera activa la huelga como forma de lucha. Los buhoneros de Caracas tragaron gas y sufrieron el rigor de las peinillas socialistas de mano de la policía de Jorge Rodríguez. Ha sido esta secuencia de desaciertos lo que ha debilitado de forma apreciable al gobierno, no lo que dicen los medios. Éstos lo que hacen es medir la temperatura del descontento que cada vez crece más ante un gobierno que tuvo en sus manos la oportunidad de hacer un cambio verdadero y progresista en Venezuela y desbarató esa oportunidad al enajenarse a los dictados del líder eterno de La Habana, con una concepción de socialismo que hoy representa una chatarra ideológica.
EL MERCADO CAMBIARIO - PARALIZADO FINAL DE AGOSTO 2009
Propuesta al mercado
Algo serio debe estar sucediendo en el gobierno que lo tiene paralizado desde el punto de vista de la adopción de medidas en el mercado cambiario. Muy probablemente el presidente Chávez no se ha decidido todavía acerca de las propuestas que tiene sobre la mesa
Por: José Guerra
Algo serio debe estar sucediendo en el gobierno que lo tiene paralizado desde el punto de vista de la adopción de medidas en el mercado cambiario. Muy probablemente el presidente Chávez no se ha decidido todavía acerca de las propuestas que tiene sobre la mesa para enfrenar la escasez de divisas y la amplia brecha entre el precio del dólar oficial y el del mercado paralelo. Se conoce de las desavenencias entre los Ministerios de Finanzas, Planificación y el Banco Central en torno a qué hacer en el mercado cambiario. La situación se agrava porque no hay liderazgo en materia de política económica.El ministro de Finanzas, Alí Rodríguez está totalmente desdibujado y sin poder e iniciativas, más allá de las colocaciones de deuda que realiza para captar fondos endeudando más al país. El ministro Giordani es presa de su terquedad al negarse religiosamente a ajustar el tipo de cambio en medio de una caída brusca de los precios del petróleo. En estos momentos Giordani está desaparecido, no declara, no habla y pareciera estar meditando desconcertadamente al no encontrar qué hacer para explicar lo inexplicable cuando tenga que justificar la devaluación de la tasa de cambio oficial.Lo cierto es que la irresponsabilidad y la demagogia en el manejo del mercado cambiario está provocando severos desajustes. A ello ha contribuido el director del BCV, Armando León, con su testarudez al insistir en el anclaje del tipo de cambio para bajar la inflación. Nadie en su sano juicio y con algún grado de responsabilidad con el país puede recomendar mantener el tipo de cambio fijo cualquiera sea el nivel de los precios petroleros.Ello en circunstancias cuando el precio del petróleo bajó desde US$ 87 por barril en el año 2008 hasta un promedio actual cercano a los US$ 48 por barril. Esa fijación del tipo de cambio además ha ocurrido en un contexto donde la tasa de inflación desde febrero de 2005 hasta junio de 2009 acumula un aumento de más de 100%. Esto sugiere que el anclaje del tipo de cambio no ha contribuido a disminuir la inflación como sus propagandistas esperaban. Esta elevada inflación le ha causado un daño terrible a la producción manufacturera y agrícola al abaratar las importaciones mientras que está comprometiendo la posición financiera de Pdvsa cuyos costos aumentan todos los años 30% en tanto que sus ingresos, expresados en moneda nacional, tienden a declinar.A la tasa de cambio oficial uno de los pocos bienes que se puede producir rentablemente en Venezuela es el petróleo, los demás son inviables. La forma de paliar la reducción de los ingresos ha sido nefasta: la venta de una porción de las divisas de Pdvsa en el mercado paralelo, de forma opaca y corrupta. Sin embargo, con todo y ello, en vista de la disminución de sus ingresos Pdvsa optó por no pagarle a sus proveedores y endeudarse en moneda extranjera.EL CONTROL DE CAMBIOEn vista de los hechos descritos, quienes vemos al país con visión positiva y sin tentaciones demagógicas o cálculos politiqueros de corto plazo, en medio de este desconcierto sugerimos las siguientes propuestas para enderezar el rumbo. Lo ideal sería dejar que el tipo de cambio fluctuara y desmantelar gradualmente el control de cambio mediante la definición de un esquema de flotación administrada por el BCV.Pero como ello no es posible ni aceptable por el gobierno, lo que habría que hacer es establecer un sistema cambiario dual, dirigido en exclusiva por el BCV, sacando las manos de Pdvsa del manejo del tipo de cambio. Como premisa para que este sistema funcione hay que bajar la cotización del dólar permuta para restringir el incentivo de tomar los dólares a la tasa oficial y luego venderlos en el paralelo.Eso significa que el BCV debe tomar la administración del mercado paralelo mediante intervenciones sostenidas y firmes para bajar su cotización a un nivel razonable medida por el verdadero valor del bolívar frente el dólar más una prima. Ello implica una tasa de cambio cercana a los Bs.F. 4,00 por dólar. A partir de allí, se establecen dos tipos de cambios. El primero, el oficial con una tasa en el entorno de Bs.F. 3,00 por dólar y una tasa paralela que fluctuaría conforme a la situación del mercado.A la tasa oficial tendrían acceso las importaciones de bienes alimenticios, medicinas, buena parte de las materias primas, partes y repuestos que no se puedan fabricar en Venezuela y el resto de las transacciones del sector público. A la tasa de cambio del mercado paralelo se realizarían el resto de las importaciones, el pago de la deuda privada, las remesas de capital y la repatriación de dividendos.Con el objeto de aliviar la presión sobre el BCV en su necesidad de abastecer al mercado paralelo, los aproximadamente US$ 6.000 millones de exportaciones no petroleras, se venderían en el mercado paralelo al igual que las remesas familiares y cualquier otro ingreso de divisas del sector privado.El reto de este esquema consiste en descargar el exceso de demanda que existe actualmente sobre las divisas oficiales y en que no se amplíe la brecha entre las dos tasas para lo cual el BCV debe estar dispuesto a suministrar divisas al mercado sin ambigüedades en tanto ello no comprometa la sostenibilidad de las cuentas externas del país. Lo que no puede seguir ocurriendo es que Cadivi ahogue la economía al momento en que inexplicablemente el BCV acumula reservas internacionales y la economía queda atrapada con dos tenazas: la inflación y la recesión.
Algo serio debe estar sucediendo en el gobierno que lo tiene paralizado desde el punto de vista de la adopción de medidas en el mercado cambiario. Muy probablemente el presidente Chávez no se ha decidido todavía acerca de las propuestas que tiene sobre la mesa
Por: José Guerra
Algo serio debe estar sucediendo en el gobierno que lo tiene paralizado desde el punto de vista de la adopción de medidas en el mercado cambiario. Muy probablemente el presidente Chávez no se ha decidido todavía acerca de las propuestas que tiene sobre la mesa para enfrenar la escasez de divisas y la amplia brecha entre el precio del dólar oficial y el del mercado paralelo. Se conoce de las desavenencias entre los Ministerios de Finanzas, Planificación y el Banco Central en torno a qué hacer en el mercado cambiario. La situación se agrava porque no hay liderazgo en materia de política económica.El ministro de Finanzas, Alí Rodríguez está totalmente desdibujado y sin poder e iniciativas, más allá de las colocaciones de deuda que realiza para captar fondos endeudando más al país. El ministro Giordani es presa de su terquedad al negarse religiosamente a ajustar el tipo de cambio en medio de una caída brusca de los precios del petróleo. En estos momentos Giordani está desaparecido, no declara, no habla y pareciera estar meditando desconcertadamente al no encontrar qué hacer para explicar lo inexplicable cuando tenga que justificar la devaluación de la tasa de cambio oficial.Lo cierto es que la irresponsabilidad y la demagogia en el manejo del mercado cambiario está provocando severos desajustes. A ello ha contribuido el director del BCV, Armando León, con su testarudez al insistir en el anclaje del tipo de cambio para bajar la inflación. Nadie en su sano juicio y con algún grado de responsabilidad con el país puede recomendar mantener el tipo de cambio fijo cualquiera sea el nivel de los precios petroleros.Ello en circunstancias cuando el precio del petróleo bajó desde US$ 87 por barril en el año 2008 hasta un promedio actual cercano a los US$ 48 por barril. Esa fijación del tipo de cambio además ha ocurrido en un contexto donde la tasa de inflación desde febrero de 2005 hasta junio de 2009 acumula un aumento de más de 100%. Esto sugiere que el anclaje del tipo de cambio no ha contribuido a disminuir la inflación como sus propagandistas esperaban. Esta elevada inflación le ha causado un daño terrible a la producción manufacturera y agrícola al abaratar las importaciones mientras que está comprometiendo la posición financiera de Pdvsa cuyos costos aumentan todos los años 30% en tanto que sus ingresos, expresados en moneda nacional, tienden a declinar.A la tasa de cambio oficial uno de los pocos bienes que se puede producir rentablemente en Venezuela es el petróleo, los demás son inviables. La forma de paliar la reducción de los ingresos ha sido nefasta: la venta de una porción de las divisas de Pdvsa en el mercado paralelo, de forma opaca y corrupta. Sin embargo, con todo y ello, en vista de la disminución de sus ingresos Pdvsa optó por no pagarle a sus proveedores y endeudarse en moneda extranjera.EL CONTROL DE CAMBIOEn vista de los hechos descritos, quienes vemos al país con visión positiva y sin tentaciones demagógicas o cálculos politiqueros de corto plazo, en medio de este desconcierto sugerimos las siguientes propuestas para enderezar el rumbo. Lo ideal sería dejar que el tipo de cambio fluctuara y desmantelar gradualmente el control de cambio mediante la definición de un esquema de flotación administrada por el BCV.Pero como ello no es posible ni aceptable por el gobierno, lo que habría que hacer es establecer un sistema cambiario dual, dirigido en exclusiva por el BCV, sacando las manos de Pdvsa del manejo del tipo de cambio. Como premisa para que este sistema funcione hay que bajar la cotización del dólar permuta para restringir el incentivo de tomar los dólares a la tasa oficial y luego venderlos en el paralelo.Eso significa que el BCV debe tomar la administración del mercado paralelo mediante intervenciones sostenidas y firmes para bajar su cotización a un nivel razonable medida por el verdadero valor del bolívar frente el dólar más una prima. Ello implica una tasa de cambio cercana a los Bs.F. 4,00 por dólar. A partir de allí, se establecen dos tipos de cambios. El primero, el oficial con una tasa en el entorno de Bs.F. 3,00 por dólar y una tasa paralela que fluctuaría conforme a la situación del mercado.A la tasa oficial tendrían acceso las importaciones de bienes alimenticios, medicinas, buena parte de las materias primas, partes y repuestos que no se puedan fabricar en Venezuela y el resto de las transacciones del sector público. A la tasa de cambio del mercado paralelo se realizarían el resto de las importaciones, el pago de la deuda privada, las remesas de capital y la repatriación de dividendos.Con el objeto de aliviar la presión sobre el BCV en su necesidad de abastecer al mercado paralelo, los aproximadamente US$ 6.000 millones de exportaciones no petroleras, se venderían en el mercado paralelo al igual que las remesas familiares y cualquier otro ingreso de divisas del sector privado.El reto de este esquema consiste en descargar el exceso de demanda que existe actualmente sobre las divisas oficiales y en que no se amplíe la brecha entre las dos tasas para lo cual el BCV debe estar dispuesto a suministrar divisas al mercado sin ambigüedades en tanto ello no comprometa la sostenibilidad de las cuentas externas del país. Lo que no puede seguir ocurriendo es que Cadivi ahogue la economía al momento en que inexplicablemente el BCV acumula reservas internacionales y la economía queda atrapada con dos tenazas: la inflación y la recesión.
LA ECONOMIA VENEZOLANA EN RECESION
La economía en recesión
A comienzos de este año, el 27 de enero de 2009, advertimos que la economía venezolana entraría en recesión más temprano que tarde, no solamente como resultado de la crisis económica global que sacudía a los mercados financieros sino principalmente como producto de la errática política económica aplicada por el gobierno nacional.Por: José Guerra Votar
Y más que ello, por el agotamiento de un modelo económico que concibe al Estado como eje de toda la actividad económica, en desmedro del sector privado, sin el cual no hay crecimiento económico sostenido. Al lado de la recesión persiste la inflación para configurar una situación de estanflación que no se veía en la economía venezolana en al menos veinte años.Según las cifras del BCV, la economía venezolana se contrajo 2,4% en el segundo trimestre de 2009 respecto al segundo trimestre de 2008. Con ello se rompe el ciclo de crecimiento que se inició en 2003. La víctima más visible de este bajón de la actividad económica fue la industria manufacturera con una caída de 8,5% a la que se sumó la contracción de la producción de petróleo de 4,2%. No se trata exclusivamente de que le economía haya entrado en un ciclo recesivo sino también de la destrucción de la capacidad productiva, del tejido económico capaz de producir bienes y servicios. La economía está sufriendo un daño severo al afectarse muy seriamente su sector manufacturero el cual es el único que puede liderar la diversificación económica de Venezuela mediante una política que promueva las exportaciones no petroleras. Para que el país pueda emprender el camino del crecimiento sostenido su mercado es la economía mundial, donde se asientan todas las posibilidades de expansión. Ninguna economía moderna crece exclusivamente con base en su mercado interno, salvo el caso de Estados Unidos en virtud de las dimensiones de su poder adquisitivo.USO DE LA FUERZA BRUTALa industria manufacturera de Venezuela está sometida a un cuadro de hostilidad por parte del Gobierno, mediante el uso de la fuerza bruta, como las que ejecutan los ministros Eduardo Samán y Félix Osorio, quienes han declarado la guerra a la industria mediante ocupaciones de las fábricas y las amenazas de expropiaciones. Pero también, está estrangulada la industria por un conjunto de regulaciones de precios, controles de cambios, limitación en el acceso a las divisas, por un sistema cambiario que incentiva las importaciones y castiga las exportaciones y en general por una percepción desfavorable de quienes diseñan y aplican la política económica. El resultado de estas acciones ha sido la destrucción de capacidades productivas, el traslado de los capitales al exterior y el retraimiento de la inversión. Un caso patético fue el de la producción de alimentos que disminuyó en el trimestre reseñado 6,3% lo que evidencia el rotundo fracaso de las medidas contra el sector privado orquestadas por el Ejecutivo.La oferta exportable proviene de tres sectores principales, petróleo, manufactura y la agricultura. El estado lamentable de esta última la descarta como palanca para el desarrollo diversificado de la economía y por tanto todo va a depender del petróleo y la manufactura.Con el petróleo ocurre que la producción decae o está estancada, de forma tal que todos los ingresos de Venezuela dependen de los precios, los cuales suelen ser volátiles y, por tanto, apostar todo al alza de los precios más que un riesgo es una irresponsabilidad. El gobierno pareciera tener cifradas todas sus esperanzas en un incremento de los precios del petróleo, descuidando la aplicación de políticas que estimulen la inversión y la producción. Por todo lo anteriormente expuesto, la industria manufacturera emerge como una actividad decisiva para la recuperación firme y permanente del progreso económico de Venezuela.BAJA EL CONSUMOUn examen de las cifras del BCV refleja una importante disminución del consumo. En efecto, el consumo de los hogares declinó 2,7% en el segundo trimestre de 2009, situación que no se apreciaba desde el tercer trimestre de 2003. Por su parte la inversión se contrajo 2,4%. Todo esto conforma un cuadro de deterioro económico inocultable. Consistente con la reducción del consumo está la baja que experimentaron las remuneraciones de los trabajadores las cuales cayeron 8,6% en el segundo trimestre de 2009. En el gráfico adjunto se verifica la tendencia claramente descendente que arrastraba la economía nacional desde mediados de 2007. Ello era evidente para quien observara los datos cuidadosamente. Ello sugiere que no se puede atribuir la recesión que enfrenta la economía nacional a los factores externos como pretende hacer el Gobierno.
A comienzos de este año, el 27 de enero de 2009, advertimos que la economía venezolana entraría en recesión más temprano que tarde, no solamente como resultado de la crisis económica global que sacudía a los mercados financieros sino principalmente como producto de la errática política económica aplicada por el gobierno nacional.Por: José Guerra Votar
Y más que ello, por el agotamiento de un modelo económico que concibe al Estado como eje de toda la actividad económica, en desmedro del sector privado, sin el cual no hay crecimiento económico sostenido. Al lado de la recesión persiste la inflación para configurar una situación de estanflación que no se veía en la economía venezolana en al menos veinte años.Según las cifras del BCV, la economía venezolana se contrajo 2,4% en el segundo trimestre de 2009 respecto al segundo trimestre de 2008. Con ello se rompe el ciclo de crecimiento que se inició en 2003. La víctima más visible de este bajón de la actividad económica fue la industria manufacturera con una caída de 8,5% a la que se sumó la contracción de la producción de petróleo de 4,2%. No se trata exclusivamente de que le economía haya entrado en un ciclo recesivo sino también de la destrucción de la capacidad productiva, del tejido económico capaz de producir bienes y servicios. La economía está sufriendo un daño severo al afectarse muy seriamente su sector manufacturero el cual es el único que puede liderar la diversificación económica de Venezuela mediante una política que promueva las exportaciones no petroleras. Para que el país pueda emprender el camino del crecimiento sostenido su mercado es la economía mundial, donde se asientan todas las posibilidades de expansión. Ninguna economía moderna crece exclusivamente con base en su mercado interno, salvo el caso de Estados Unidos en virtud de las dimensiones de su poder adquisitivo.USO DE LA FUERZA BRUTALa industria manufacturera de Venezuela está sometida a un cuadro de hostilidad por parte del Gobierno, mediante el uso de la fuerza bruta, como las que ejecutan los ministros Eduardo Samán y Félix Osorio, quienes han declarado la guerra a la industria mediante ocupaciones de las fábricas y las amenazas de expropiaciones. Pero también, está estrangulada la industria por un conjunto de regulaciones de precios, controles de cambios, limitación en el acceso a las divisas, por un sistema cambiario que incentiva las importaciones y castiga las exportaciones y en general por una percepción desfavorable de quienes diseñan y aplican la política económica. El resultado de estas acciones ha sido la destrucción de capacidades productivas, el traslado de los capitales al exterior y el retraimiento de la inversión. Un caso patético fue el de la producción de alimentos que disminuyó en el trimestre reseñado 6,3% lo que evidencia el rotundo fracaso de las medidas contra el sector privado orquestadas por el Ejecutivo.La oferta exportable proviene de tres sectores principales, petróleo, manufactura y la agricultura. El estado lamentable de esta última la descarta como palanca para el desarrollo diversificado de la economía y por tanto todo va a depender del petróleo y la manufactura.Con el petróleo ocurre que la producción decae o está estancada, de forma tal que todos los ingresos de Venezuela dependen de los precios, los cuales suelen ser volátiles y, por tanto, apostar todo al alza de los precios más que un riesgo es una irresponsabilidad. El gobierno pareciera tener cifradas todas sus esperanzas en un incremento de los precios del petróleo, descuidando la aplicación de políticas que estimulen la inversión y la producción. Por todo lo anteriormente expuesto, la industria manufacturera emerge como una actividad decisiva para la recuperación firme y permanente del progreso económico de Venezuela.BAJA EL CONSUMOUn examen de las cifras del BCV refleja una importante disminución del consumo. En efecto, el consumo de los hogares declinó 2,7% en el segundo trimestre de 2009, situación que no se apreciaba desde el tercer trimestre de 2003. Por su parte la inversión se contrajo 2,4%. Todo esto conforma un cuadro de deterioro económico inocultable. Consistente con la reducción del consumo está la baja que experimentaron las remuneraciones de los trabajadores las cuales cayeron 8,6% en el segundo trimestre de 2009. En el gráfico adjunto se verifica la tendencia claramente descendente que arrastraba la economía nacional desde mediados de 2007. Ello era evidente para quien observara los datos cuidadosamente. Ello sugiere que no se puede atribuir la recesión que enfrenta la economía nacional a los factores externos como pretende hacer el Gobierno.
ECONOMIA SIN RUMBO
El gobierno no termina de anunciar las medidas económicas que ha venido soltando a cuenta gotas, sin que las mismas obedezcan a un plan estructurado para salir de la crisis en la cual el mismo gobierno se metió Por: José Guerra
Es realmente asombroso el estado de deterioro de la economía nacional ante la vista y la falta de acción de los ministros de finanzas y de planificación, quienes lucen desconcertados y sin iniciativas para contener el gradual pero sostenido proceso de destrucción de las capacidades productivas de Venezuela. Ha sido este un gobierno que ha dado y sigue dando bandazos en materia de política económica. De su gran proyecto, liderado por Jorge Giordani, el Eje Orinoco Apure, sólo se recuerda el nombre y no se ha vuelto a mencionar. Quedó como uno de esos planes gaseosos, lo mismo que los llamados rubros banderas que se diseñaron para levantar la producción agrícola nacional.Fue tan exitoso ese plan diseñado por el ministro Giordani, que casi diez años después ahora importamos azúcar y arroz cuando antes exportábamos esos renglones. Y el colmo, también vamos a comprar en el exterior café, producto que fue una de las principales fuentes de divisas de Venezuela.Ahora en medio de un cuadro de estanflación como el que vive actualmente la economía venezolana, el desbarajuste en el seno del gobierno llama a la preocupación. Con una economía hundida en la recesión y en medio de una elevada tasa de inflación, los ministros de la economía volvieron a cantar el estribillo de la llamada inflación estructural para esconder su falta de visión del problema del alza de los precios y además su indecisión al momento de adoptar las inevitables medidas económicas. Nadie sabe qué quieren decir los ministros Alí Rodríguez y Jorge Giordani cuando se refrieren a la inflación estructural en Venezuela.Ello más bien luce como una excusa para justificar el hecho inexplicable de que una economía con controles de precios y de cambio mantenga una tasa de inflación superior al 26% en momentos en que lo que caracteriza al mundo es la deflación (caída de los precios) o la baja inflación. Tal vez el gráfico adjunto hable por si solo para liquidar las tesis de Giordani-Rodríguez sobre la inflación estructural.Durante las décadas de los cincuenta, sesenta y hasta 1970, Venezuela registró tasas de inflación inferiores a la de Estados Unidos.Además con niveles excepcionalmente bajos, 1,7% durante los cincuenta y 1,4% en los años sesenta. Si la inflación fuese estructural sus registros históricos en Venezuela se hubiesen mantenido en valores similares o iguales a los que se observan hoy. Con ese gráfico queda derrotada penosamente la tesis de la llamada inflación estructural en Venezuela cuando con ella se trata de explicar los niveles altos y sostenidos como la hemos visto estos últimos diez años.Pero más allá del tema de la inflación que ya es un asunto muy preocupante, se nota en el país una sensación de caos. La paralización de la industria automotriz y la de auto partes, la ocupación de plantas y empresas productivas, la falta de correspondencia entre los gigantescos montos gastados en la agricultura y su menguada producción y en general un clima de hostilidad que conspira contra la producción. A ello se agrega el conflicto diplomático y político con Colombia cuyo único objetivo es distraer la atención de los graves problemas internos que enfrenta el gobierno. La paralización de la actividad comercial en la frontera y la amenaza de romper las relaciones con el vecino país, vendrían a agravar aún más una situación en si misma precaria.NO SALEN LAS MEDIDAS ECONÓMICASEn medio de todo ello el gobierno no termina de anunciar las medidas económicas que ha venido soltando a cuenta gotas, sin que las mismas obedezcan a un plan estructurado para salir de la crisis en la cual el mismo gobierno se metió. Es un discurso ideológico anclado en el pasado lo que tiene a la economía en crisis, a lo cual corresponde un modelo económico que ve al sector privado de la economía como enemigo en lugar de un aliado en la labor de la reconstrucción nacional. Venezuela luce sin rumbo en materia económica.Una de la grandes tareas de Venezuela es desmontar el Estado empresarial y encaminarse con paso firme, sin vacilación en el pulso, hacia el Estado Social, que brinde mejor educación, salud y seguridad social y pública, en vez de estar gastando dinero en compras de armas, instalando o expropiando fábricas y empresas que pueden ser manejadas eficientemente por el sector privado.
Es realmente asombroso el estado de deterioro de la economía nacional ante la vista y la falta de acción de los ministros de finanzas y de planificación, quienes lucen desconcertados y sin iniciativas para contener el gradual pero sostenido proceso de destrucción de las capacidades productivas de Venezuela. Ha sido este un gobierno que ha dado y sigue dando bandazos en materia de política económica. De su gran proyecto, liderado por Jorge Giordani, el Eje Orinoco Apure, sólo se recuerda el nombre y no se ha vuelto a mencionar. Quedó como uno de esos planes gaseosos, lo mismo que los llamados rubros banderas que se diseñaron para levantar la producción agrícola nacional.Fue tan exitoso ese plan diseñado por el ministro Giordani, que casi diez años después ahora importamos azúcar y arroz cuando antes exportábamos esos renglones. Y el colmo, también vamos a comprar en el exterior café, producto que fue una de las principales fuentes de divisas de Venezuela.Ahora en medio de un cuadro de estanflación como el que vive actualmente la economía venezolana, el desbarajuste en el seno del gobierno llama a la preocupación. Con una economía hundida en la recesión y en medio de una elevada tasa de inflación, los ministros de la economía volvieron a cantar el estribillo de la llamada inflación estructural para esconder su falta de visión del problema del alza de los precios y además su indecisión al momento de adoptar las inevitables medidas económicas. Nadie sabe qué quieren decir los ministros Alí Rodríguez y Jorge Giordani cuando se refrieren a la inflación estructural en Venezuela.Ello más bien luce como una excusa para justificar el hecho inexplicable de que una economía con controles de precios y de cambio mantenga una tasa de inflación superior al 26% en momentos en que lo que caracteriza al mundo es la deflación (caída de los precios) o la baja inflación. Tal vez el gráfico adjunto hable por si solo para liquidar las tesis de Giordani-Rodríguez sobre la inflación estructural.Durante las décadas de los cincuenta, sesenta y hasta 1970, Venezuela registró tasas de inflación inferiores a la de Estados Unidos.Además con niveles excepcionalmente bajos, 1,7% durante los cincuenta y 1,4% en los años sesenta. Si la inflación fuese estructural sus registros históricos en Venezuela se hubiesen mantenido en valores similares o iguales a los que se observan hoy. Con ese gráfico queda derrotada penosamente la tesis de la llamada inflación estructural en Venezuela cuando con ella se trata de explicar los niveles altos y sostenidos como la hemos visto estos últimos diez años.Pero más allá del tema de la inflación que ya es un asunto muy preocupante, se nota en el país una sensación de caos. La paralización de la industria automotriz y la de auto partes, la ocupación de plantas y empresas productivas, la falta de correspondencia entre los gigantescos montos gastados en la agricultura y su menguada producción y en general un clima de hostilidad que conspira contra la producción. A ello se agrega el conflicto diplomático y político con Colombia cuyo único objetivo es distraer la atención de los graves problemas internos que enfrenta el gobierno. La paralización de la actividad comercial en la frontera y la amenaza de romper las relaciones con el vecino país, vendrían a agravar aún más una situación en si misma precaria.NO SALEN LAS MEDIDAS ECONÓMICASEn medio de todo ello el gobierno no termina de anunciar las medidas económicas que ha venido soltando a cuenta gotas, sin que las mismas obedezcan a un plan estructurado para salir de la crisis en la cual el mismo gobierno se metió. Es un discurso ideológico anclado en el pasado lo que tiene a la economía en crisis, a lo cual corresponde un modelo económico que ve al sector privado de la economía como enemigo en lugar de un aliado en la labor de la reconstrucción nacional. Venezuela luce sin rumbo en materia económica.Una de la grandes tareas de Venezuela es desmontar el Estado empresarial y encaminarse con paso firme, sin vacilación en el pulso, hacia el Estado Social, que brinde mejor educación, salud y seguridad social y pública, en vez de estar gastando dinero en compras de armas, instalando o expropiando fábricas y empresas que pueden ser manejadas eficientemente por el sector privado.
ESTADO EMPRESARIO A ESTADO SOCIAL
Quienes militamos en las filas del progreso social, la equidad y la democracia como fórmula de gobierno, tenemos profundas críticas al modelo de Estado que el gobierno de Hugo Chávez está configurando en Venezuela. Inexplicablemente Hugo Chávez tiene metido en la cabeza que el socialismo es sinónimo de propiedad estatal de los medios de producción y es esa creencia, anclada en el pasado, lo que está llevando a Venezuela a convertirse dentro de poco tiempo en una especie de parque jurásico, donde van a quedar los despojos del amasijo de empresas públicas quebradas, como ya se vislumbra en la región de Guayana, en lo que una vez fueran catalogadas como empresas básicas. En el mundo moderno no existe el concepto de empresa básica: lo básico es el talento humano y ese se adquiere con educación de calidad.Desde 2003, Chávez ha emprendido una carrera alocada de expropiaciones y confiscaciones de empresas, fincas, edificaciones y terrenos, y ahora acumula una deuda que la estrechez fiscal, producto del despilfarro de ingentes recursos, no le permite pagar. Le debe a medio mundo y corre el riesgo cierto de perder los juicios con las compañías petroleras estatizadas. Venezuela tiene un Estado que se ha transformado en el principal propietario de los medios de producción, tanto los productivos, como los no productivos.El ámbito empresarial del Estado no cesa de crecer y con ello las obligaciones financieras de ese conglomerado de empresas que consecutivamente arrastra pérdidas que alguien debe financiar.Debe advertirse que parejo a la expansión de las empresas públicas se ha estructurado una burocracia sumamente ineficiente, con elevados sueldos, que actúa como sanguijuela pegada del presupuesto nacional. A partir de 2007, tras las estatizaciones de La Electricidad de Caracas, la Cantv, Lácteos Los Andes y una cadena de frigoríficos, a las que siguió Sidor y las empresas del cemento, decidió recientemente confiscar las empresas que prestaban servicios a Pdvsa en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, al igual que las compañías de almacenamiento en los puertos de Venezuela para crear Bolipuertos, en una asociación paritaria con el gobierno de Cuba, que de administración y gerencia de puertos debe saber lo mismo que el gobierno de Burundi de energía atómica. A quién se le ocurre que una economía cerrada como la cubana, que exporta poco e importa menos de lo que expota, pueda tener personal capacitado para manejar los puertos de Venezuela. Si Chávez quiere seguir con la fiesta de darle plata a Cuba que lo haga directamente y no mediante actos simulados de empresas mixtas de maletín.HACIA EL DÉFICITEl caso es que la ampliación del Estado empresarial está arrastrando a las finanzas públicas de Venezuela a situaciones deficitarias, con lo cual la está endeudando masivamente. En el primer semestre de 2009, la deuda pública aumentó más de US$ 8.000 millones y se estima que va a seguir creciendo.Lo peor de todo está en el sacrificio de lo social. En tanto que el Estado trata de producir acero, aluminio, hierro, cemento, vehículos, mantener flotas de aviones comerciales, líneas de trasporte público, elaborar harina de maíz, aceites, franelas y camisas, empacar arroz y granos, montar areperas, administrar hoteles, teleféricos, entre otras actividades, la salud, la educación, la infraestructura y la seguridad personal están abandonadas. El drama de las parturientas a las puertas de los hospitales es un hecho cotidiano y tuvo que atreverse una señora a señalarle al Presidente de la República la tragedia de un familiar el domingo 9 de agosto de 2009 para que se ordenara el clásico operativo en los hospitales.Mientras la gente humilde tiene que sufrir en los hospitales públicos, los funcionarios disfrutan de sus pólizas privadas de cirugía, hospitalización y maternidad, comenzando por el mismo Presidente, cuya familia acude a las mejores clínicas de Caracas.En lo relativo a la educación, es verdaderamente una tragedia la situación de los colegios públicos: la planta física presenta deterioros apreciables, la dotación de materiales, incluyendo computadores, es nula y los sueldos de los maestros y profesores son vergonzosos. Con razón los hijos de los altos jerarcas del gobierno estudian en colegios privados. La seguridad social en Venezuela es inexistente porque después de siete años de aprobada la Ley Marco, todavía el subsistema de pensiones no ha sido sancionado por la Asamblea Nacional y sin pensiones no hay seguridad social. En cuanto a la infraestructura del país, básicamente se cuenta con la misma red de autopistas que hace quince años y gracias a la continuidad de los obras de los Metros en algunas ciudades la situación no es peor. No hay correspondencia entre los ingresos recibidos y la obra realizada.Un nuevo proyecto político en Venezuela tiene que tomar como referencia al Estado social como sustituto superior de este mamotreto en que ha degenerado el Estado empresarial. Se sirve mejor al pueblo con educación, salud y seguridad social que con empresas industriales y comerciales que sólo han servido para enriquecer a unos pocos.
ECONOMIA VENEZUELA AGOSTO 2009
Es realmente asombroso el estado de deterioro de la economía nacional ante la vista y la falta de acción de los ministros de finanzas y de planificación, quienes lucen desconcertados y sin iniciativas para contener el gradual pero sostenido proceso de destrucción de las capacidades productivas de Venezuela. Ha sido este un gobierno que ha dado y sigue dando bandazos en materia de política económica. De su gran proyecto, liderado por Jorge Giordani, el Eje Orinoco Apure, sólo se recuerda el nombre y no se ha vuelto a mencionar. Quedó como uno de esos planes gaseosos, lo mismo que los llamados rubros banderas que se diseñaron para levantar la producción agrícola nacional.Fue tan exitoso ese plan diseñado por el ministro Giordani, que casi diez años después ahora importamos azúcar y arroz cuando antes exportábamos esos renglones. Y el colmo, también vamos a comprar en el exterior café, producto que fue una de las principales fuentes de divisas de Venezuela.Ahora en medio de un cuadro de estanflación como el que vive actualmente la economía venezolana, el desbarajuste en el seno del gobierno llama a la preocupación. Con una economía hundida en la recesión y en medio de una elevada tasa de inflación, los ministros de la economía volvieron a cantar el estribillo de la llamada inflación estructural para esconder su falta de visión del problema del alza de los precios y además su indecisión al momento de adoptar las inevitables medidas económicas. Nadie sabe qué quieren decir los ministros Alí Rodríguez y Jorge Giordani cuando se refrieren a la inflación estructural en Venezuela.Ello más bien luce como una excusa para justificar el hecho inexplicable de que una economía con controles de precios y de cambio mantenga una tasa de inflación superior al 26% en momentos en que lo que caracteriza al mundo es la deflación (caída de los precios) o la baja inflación. Tal vez el gráfico adjunto hable por si solo para liquidar las tesis de Giordani-Rodríguez sobre la inflación estructural.Durante las décadas de los cincuenta, sesenta y hasta 1970, Venezuela registró tasas de inflación inferiores a la de Estados Unidos.Además con niveles excepcionalmente bajos, 1,7% durante los cincuenta y 1,4% en los años sesenta. Si la inflación fuese estructural sus registros históricos en Venezuela se hubiesen mantenido en valores similares o iguales a los que se observan hoy. Con ese gráfico queda derrotada penosamente la tesis de la llamada inflación estructural en Venezuela cuando con ella se trata de explicar los niveles altos y sostenidos como la hemos visto estos últimos diez años.Pero más allá del tema de la inflación que ya es un asunto muy preocupante, se nota en el país una sensación de caos. La paralización de la industria automotriz y la de auto partes, la ocupación de plantas y empresas productivas, la falta de correspondencia entre los gigantescos montos gastados en la agricultura y su menguada producción y en general un clima de hostilidad que conspira contra la producción. A ello se agrega el conflicto diplomático y político con Colombia cuyo único objetivo es distraer la atención de los graves problemas internos que enfrenta el gobierno. La paralización de la actividad comercial en la frontera y la amenaza de romper las relaciones con el vecino país, vendrían a agravar aún más una situación en si misma precaria.NO SALEN LAS MEDIDAS ECONÓMICASEn medio de todo ello el gobierno no termina de anunciar las medidas económicas que ha venido soltando a cuenta gotas, sin que las mismas obedezcan a un plan estructurado para salir de la crisis en la cual el mismo gobierno se metió. Es un discurso ideológico anclado en el pasado lo que tiene a la economía en crisis, a lo cual corresponde un modelo económico que ve al sector privado de la economía como enemigo en lugar de un aliado en la labor de la reconstrucción nacional. Venezuela luce sin rumbo en materia económica.Una de la grandes tareas de Venezuela es desmontar el Estado empresarial y encaminarse con paso firme, sin vacilación en el pulso, hacia el Estado Social, que brinde mejor educación, salud y seguridad social y pública, en vez de estar gastando dinero en compras de armas, instalando o expropiando fábricas y empresas que pueden ser manejadas eficientemente por el sector privado.
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