Sunday, May 31, 2009

ADONDE VA LA ECONOMIA VENEZOLANA?

Transición Hacia Donde?
El economista Francisco Vivancos define el momento presente como una transición, o bien hacia un modelo socialdemócrata que respete el funcionamiento de los mercados, o hacia un socialismo real, estatista y controlador.
Francisco Vivancos. “El modelo de planificación centralizada, a través de grandes empresas públicas y eliminando todos los mecanismos de mercado, terminó en el capitalismo más salvaje”.
“Ciertamente, será difícil que la economía vuelva a crecer a tasas tan elevadas como las observadas en 2005, 2006 y 2007, pero no veo recesión, en ningún escenario, en el corto plazo, a pesar de las graves circunstancias internacionales, debido a que el Gobierno tiene un amplio colchón financiero que le permitirá enfrentar, por un tiempo, cualquier shock externo que se derive de una caída muy pronunciada del mercado petrolero”.Francisco Vivancos, economista, conocedor del sistema financiero y profesor universitario, cree que las políticas económicas del presidente Hugo Chávez evidencian que el país atraviesa un período de transición, durante el cual se tendrá que decidir si el país marcha hacia un modelo de talante socialdemócrata, con fuerte presencia estatal, pero donde funcionen los mecanismos de mercado, o si, por el contrario, se dirige a un régimen de planificación económica centralizada, sin mercados, donde el Estado decida absolutamente el funcionamiento del aparato económico.A juicio del experto, tal contradicción no puede resolverse mediante un modelo negociado, que no existe ni ha existido en la práctica, sino por la imposición de alguno de los dos sistemas. He ahí el centro, la médula, del debate económico y político actual. “El modelo de planificación centralizada, a través de grandes empresas públicas y eliminando todos los mecanismos de mercado, terminó en el capitalismo más salvaje, que aún vemos en Rusia. Hay muchas limitaciones para resolver una ecuación como la planteada, porque no se tiene un modelo claro en la cabeza. Ese es uno de los problemas de fondo en la actual coyuntura”, advierte.A juicio de Vivancos, el Socialismo del Siglo XXI sería viable “sólo si se logra obtener una mezcla de políticas económicas absolutamente innovadora, pero innovadora de verdad, porque una estructura social, al menos formalmente, democrática, que tiene que validarse electoralmente, -lo que no pasó en las economías socialistas reales, que eran autocracias-, se constituye en una restricción importante, porque las mayorías importan, la propiedad importa, la resistencia existe. Además, porque hay intereses, incluso, dentro de la coalición gobernante, ya que se está produciendo, en su interior y en algunos sectores de su periferia, una importante acumulación originaria de capital, casi a la forma de la descrita en el tomo I de El Capital, de Marx… ciertamente, bastante salvaje en algunos casos. Hay un tejido de clase media que tiene intereses microeconómicos relevantes, que se opone a soluciones radicales en lo político”.Para el economista no pasa de ser una idea fantasiosa apalancar el desarrollo industrial en pequeñas unidades de producción, sean cooperativas, Empresas de Producción Social, conucos o consejos comunales, los cuales tienen no pocas atribuciones económicas. Advierte que existen “deficiencias técnico-operativas en este tipo de modelos que hacen muy difícil que sean exitosos en una escala importante. De hecho, no hay experiencias exitosas, ni siquiera en la Yugoslavia de Tito, de autogestión y cogestión. Nunca se ha logrado que, a partir de pequeñas unidades o, incluso, de caos o anarquía en la organización industrial, resulte algo viable desde el punto de vista económico”.Para Vivancos no existe otro camino que trabajar con el sector privado si es que el Gobierno quiere, de verdad, alcanzar un crecimiento económico sostenible. “Lo que garantiza la alta factura petrolera es tener mucho gasto público para estimular la demanda agregada; pero, del otro lado, se requiere oferta suficiente de bienes y servicios, y esa no proviene del sector público, que sólo produce algunos bienes en condiciones más o menos adecuadas”.El economista continúa: “salvo que se invente un modelo que no existe, lo que vamos a ver es una caída de la eficiencia en las empresas estatizadas. Si no hay inversiones suficientes en el sector eléctrico, si los subsidios enredan la caja de la Cantv, se van a requerir crecientes transferencias de recursos para mantener los números en azul, o cancelar los rojos. La respuesta de la oferta se va a hacer esperar, porque los bienes y servicios fundamentales son generados por el sector privado”.
¿Ajuste?Puesto ante la posibilidad de que la administración Chávez deba hacer un ajuste macroeconómico, ahora potenciada por la crisis financiera estadounidense y la consecuente baja de los precios del petróleo, el economista Francisco Vivancos afirma que, en su opinión, el Gobierno hará hasta lo imposible por evitarlo, y podría tener éxito en el intento.A su juicio, si las circunstancias lo permiten, no habrá cambios sustanciales en el set de políticas económicas hasta 2012. La primera razón es la sucesión de vitales procesos electorales que quedan en el horizonte, dejando sólo a 2009 y 2011 como los únicos períodos libres de comicios y, por lo tanto, serían los únicos espacios temporales disponibles para tomar medidas de ajuste y tener algo de tiempo para licuar su costo político.“En 2009, las perspectivas en balanza de pagos y factura petrolera siguen siendo regulares, por lo que los incentivos para hacer un ajuste son bajos. Hay pocas razones para hacer un ajuste cambiario drástico, un ajuste fiscal o de balanza de pagos. Nuestros decisores no están pensando en términos ´paretianos´, o siguiendo la ortodoxia económica. Su cálculo no está basado en el costo-beneficio económico, sino en el costo-beneficio político. Su razonamiento es de economía política, no de teoría económica. Cuesta creer que, sin tener necesidades urgentes, van a pagar una factura política tan grande por resolver desequilibrios macroeconómicos que les resultan secundarios”, afirma Vivancos.Además, el Ejecutivo tiene, a juicio de Vivancos, un sólido colchón de fondos financieros para resistir shocks externos de corto plazo y, posiblemente, hasta en el mediano plazo. “Hay una especie de subestimación de los fondos de ahorro público. Por ejemplo, 15.000 millones de dólares van a ser nuevas aportaciones de Pdvsa y las empresas mixtas al Fonden. Existen grandes ahorros en fondos públicos, que no son reservas internacionales, y la acumulación es de tal magnitud que generan un colchón muy cómodo”.Claro, Vivancos reconoce que estas “nuevas instituciones fiscales y para-fiscales” son muy opacas y no se puede seguir su comportamiento de manera ordenada, de allí que surjan dudas sobre qué tan buenos son los resortes del colchón, pero, en todo caso, el economista tampoco observa apremios fiscales no superables en el futuro mediato. Por ejemplo, reconoce abiertamente que el perfil de la deuda, tanto interna como externa, ha mejorado efectivamente, y tampoco se angustia por la escasa acumulación de reservas y el respaldo del circulante, que alcanza un 40%, ya que “la teoría económica ortodoxa prescribe que es suficiente con garantizar la base monetaria y no la totalidad del circulante y, en ese sentido, el Banco Central está solvente, con los actuales niveles de reservas”.
DesindustrializaciónEl economista Vivancos sí cuestiona la acumulación de algunos desajustes de política económica que están presentes sin necesidad. Señala tranquilamente que hay medidas económicas, como la implantación del Impuesto a las Transacciones Financieras, en 2007, que jamás podrá entender, sobre todo después que se redujo la alícuota del IVA, “se hizo un ajuste fiscal que no se anunció, lo que generó una caída muy grave del gasto primario real per cápita en 7%”, al tiempo que se aprueba un tributo altamente inflacionario, como el ITF.Para el experto, uno de los más graves riesgos que corre la economía venezolana es su desindustrialización. “El desarrollo de las cooperativas y las EPS puede ser impulsado, pero es muy difícil que sustituyan la oferta de bienes y servicios, o siquiera complementar adecuadamente la oferta privada. No siempre lo pequeño es hermoso y eso puede ser terriblemente ineficiente. Lo estamos viendo en las obras de mantenimiento vial, transporte, escuelas, hospitales, donde se termina incurriendo en altísimos costos con muy poca eficiencia. El gasto público genera cada vez menos impacto en el PIB, por el exceso de transferencia a un complejo empresarial con severos problemas de aprendizaje y para capturar economías de escala”, apunta el economista.Un punto esencial es que la política cambiaria se ha convertido en uno de los mejores vehículos para atacar al sector privado y restarle capacidad de respuesta. “¿Nos queremos volar todo nuestro sector de producción de bienes transables no petroleros? Muy bien, mantengamos la apreciación cambiaria, eso va contra la producción agropecuaria, contra la producción manufacturera, e inclusive atenta contra la propia rentabilidad de Pdvsa. A la larga, una estabilización de los precios petroleros haría que esta política cambiaria no sea sostenible, ya que existe una grave pérdida de competitividad de la industria de hidrocarburos, con más gastos, una presión por la inversión social, una carga tributaria pesadísima, la rentabilidad y la posibilidad de mantener los niveles de producción terminan afectándose”.Un dato puede revelar claramente hasta dónde ha avanzado el proceso de destrucción del aparato industrial, condimentado con desinversión. Según Vivancos, el PIB corriente está ya por encima del PIB potencial, lo que significa que no queda capacidad instalada para crecer, pues los emprendimientos que quedan están operando al tope. Esta situación restringe expectativas de expansión que pudieran ser buenas, así que la desaceleración que mostró el PIB en el primer trimestre, y que siguió presente, con menos impacto, en el segundo cuarto, es un fenómeno estructural, a menos que fluyan muchas inversiones en el corto y mediano plazo.“La frontera agrícola está retrocediendo y la producción manufacturera también. Sin embargo, existe alguna inversión, incluso de componente privado, pero básicamente en infraestructura, pero no en la producción de bienes y servicios. Vemos inversión en servicios y no en producción de bienes transables. La oferta agregada no aumenta, y la presión de demanda ajusta la ecuación vía precios”.Pero, además, la inflación venezolana tiene un componente importado, derivado de la crisis internacional. “En el primer semestre de este año, el Indice de Productos Básicos, que mide una cesta de 60 rubros, ha crecido 37% a escala internacional, y, en alimentos, que conforman una buena parte de las importaciones venezolanas, se ha registrado un crecimiento promedio de sus costos de 23% en apenas 6 meses; por esa vía se tienen restricciones de oferta e inflación importada. El talón de Aquiles de la política económica será la inflación y nada indica que vaya a ceder en el corto plazo”.

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